Artistas de izquierda cobrando por sus shows. La calidad cuesta cara.
Artistas de izquierda o “progres” como Mon Laferte, Bombo Fica e Illapu han sido severamente criticados por cobrar caro por sus espectáculos a pesar de su orientación política. Gente como Claudio Reyes y Patricia Maldonado los acusa de “inconsecuentes” y los conminan a repartir el dinero que ganan entre los pobres.
Esta idea de “si eres de izquierda no puedes ir al mall, tienes que vivir debajo de un puente y no puedes cobrar por tu trabajo” está bien reflejada en la letra de la canción “Gato que Avanza,Perro que Ladra” de Calle 13:
Algunos psicópatas me tienen en la
corte marcial
Según las reglas de la
"Asociación de la Música Social"
Se supone que me deje la barba larga,
que mi esposa sea fea
Que venda artesanías y que viva en
una aldea
Se supone que renuncie a mi
pasaporte
Y que todas las cosas que compre
vengan de Corea del Norte
Una vez grabé en Miami, pero se
supone que no vuelva
La música de mi disco la tengo que
grabar desde la selva
No puedo usar internet, por lo menos
eso asumo
Se supone que me comunique por
señales de humo
Si lucho por los pobres,
económicamente los de abajo
No puedo cobrar por mi trabajo
No puedo tener plata en mis manos
Y si cobro algo, lo tengo que
cambiar por pesos cubanos
Y cuando vaya a pagar mi casa por
cuotas
No puedo porque en mi colonia solo
aceptan dólares, ¡Idiota!
¿Cuál es el libreto?
Si lucho por los que no tienen
educación
¿Tengo que ser analfabeto?
Los artistas recién nombrados tienen otras cosas en común aparte de su postura ideológica: SUS PROPUESTAS ARTÍSTICAS DE INDISCUTIBLE CALIDAD Y SER DE LOS MEJORES DE CHILE EN SUS RESPECTIVO RUBRO. Tal como quedó de manifiesto en sus exitosas presentaciones en el reciente Festival de Olmué. Mon Laferte es una artista de clase mundial, jugadora de ligas mayores en la industria musical desde hace mucho rato. El militante comunista Bombo Fica es uno de los comediantes top de Chile en la actualidad, y uno de los pocos humoristas clásicos que logró sobrevivir al auge de la comedia stand up; Illapu es una de las agrupaciones de raíz folklórica más importantes de la historia de Chile, con medio siglo de trayectoria. Desde un punto de vista de economía básica, más allá del capitalismo o socialismo, generan bienes de alta calidad, incluso de excelencia, con mucha demanda y gran aceptación, y por lo tanto merecen cobrar lo que verdaderamente vale su trabajo.
Además, el dinero no va 100% para ellos, pues incluye la inversión que implica montar estos espectáculos de primer nivel. Piensen en los shows de Mon Laferte, el último de Jorge Alís en Viña, las performances de Stefan Kramer. Hay que contratar personal al que obviamente se le tiene que pagar bien, preparar material audio visual y escenografías, montar uno o varios escenarios, el transporte de todo el equipo y el material, etc. Para que valga la pena aceptar un show, el precio debe ser tal que puedas amortizar toda esa inversión y además obtener una ganancia aceptable. De los supuestos 100 millones que pide Bombo Fica por actuar en el Festival de Viña, no todo ese dinero se va a su cuenta corriente, sino que por ejemplo 90 millones se van en cubrir la inversión y lo que queda es lo que se va a las arcas del natural de Purén.
En otras palabras, si cobran caro es porque su espectáculo vale cada peso. Así como nadie discutiría que Adele, Beyoncé, Bruno Mars, Paul McCartney o Taylor Swift cobraran una millonada por actuar en Chile, tampoco cabría discutirle eso a Mon Laferte, Bombo Fica, Illapu o Stefan Kramer. No tienen porqué regalar su trabajo, más allá que en ocasiones lo hagan de motu propio, como cuando Mon apareció de invitada del show del “Bloque Depresivo” en Viña o hace sorpresivos mini shows callejeros, o Kramer hace sus ya míticas imitaciones en los cierres de la Teletón.
Caso similar fue el de Julio César Rodríguez y sus polémicos 15 millones por animar la fiesta de Año Nuevo de tres días en Valparaíso. Considerando el status de JC como rostro TOP de la TV chilena, el cobro no resulta para nada desorbitado, más aún considerando el lógico recargo en el precio por el hecho de trabajar en Año Nuevo en vez de celebrar con la familia. Además, la fiesta fue un éxito y salvó en algo la debacle de no tener el Año Nuevo en el Mar.
La izquierda tiene un abrumador dominio en ese aspecto. Desde los clásicos (Illapu, Quilapayún, Inti Illimani, Los Jaivas, Congreso, Joe Vasconcellos, Los Prisioneros, Los Tres, Los Bunkers) hasta los más actuales (Mon Laferte, Cami, Francisca Valenzuela, Manuel García, Alex Anwandter, Denise Rosenthal, toda la Nueva Cumbia y casi todos los Urbanos), en el sector “progre” hay ”calle”, audacia, calidad artística, creatividad, apertura de mente y mundo.
En el otro lado, por su parte, no existió recambio ni continuadores a la altura para grupos y artistas de alta calidad como Pedro Messone, Los Cuatro Cuartos, Los Huasos Quincheros, Las Cuatro Brujas, La Nueva Ola, etc. ¿Qué fue de Sebastián, Jorge Eduardo, Patricia Maldonado, Soledad Guerrero, Miguelo, Roberto “Viking” Valdés, Andrea Labarca, Sergio Lillo, Alejandro de Rosas, Cristóbal, Rodolfo Navech, Patricia Frías y toda esa gente que vimos profusamente en época de oro de los estelares televisivos de los años 80 del siglo pasado? No construyeron carreras más allá de la TV, no se proyectaron a futuro, sino que más bien se dejaron estar artísticamente, y quedaron a la deriva después del retorno a la democracia y del traslado de “Sábados Gigantes” a Miami. Actualmente, los que no están muertos ni retirados tienen un perfil sumamente bajo, marcados como “artistas del recuerdo”, limitados a nichos específicos, algunos obligados a desarrollarse en otros rubros y sin nada interesante que proponer en lo musical. De ese lote, solamente tres nombres lograron mantenerse vigentes a partir de 1990: Luis Jara, Myriam Hernández y Alberto Plaza.
No deja de ser significativo que los dos artistas más mediáticos del mundo conservador en la actualidad sean dos “renegados” del otro sector: el ya nombrado Alberto Plaza y Oscar Andrade.
Paradójicamente, los artistas de izquierda parecen entender mejor “el negocio”, “la industria”. Resulta curioso constatar que los “progres” muestran las virtudes que se suelen asociar a un auténtico capitalista (trabajo duro, creatividad, audacia, generar productos de calidad), mientras los de derecha caen en los supuestos defectos que prejuiciosamente se le asignan a los del otro lado (viven quejándose, no producen nada relevante, falta de ideas).
Tal como en cualquier rubro económico, la excelencia y la calidad artística son caras. Si quieres un espectáculo de alto nivel, tienes que estar dispuesto a pagar lo que vale, y los artistas que lo ofrecen, más allá de su ideología, tienen derecho a cobrar lo que corresponde.

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