Análisis Dia a Dia Viña 2024
Dia 1, domingo 25 de Febrero. Un inicio a la altura de las circunstancias
Obertura.
Hermosa, sobria, muy a tono con lo sucedido a inicios de mes en Viña. Los
conductores pidiendo un minuto de silencio por las víctimas de los incendios,
seguido de un hermoso número de obertura a cargo de Consuelo Schuster, Soulfia,
Kidd Voodoo, Isabella Bachmann y Juanita Parra
Conductores.
Sorprendido por el oficio y prestancia de Pancho Saavedra, que llega a este
escenario con amplia experiencia en festivales. No será Antonio Vodanovic ni
Sergio Lagos, pero dio claramente el ancho. Posicionado en su rol desde el
minuto cero. La química con María Luisa Godoy es notable.
Alejandro
Sanz. Lo presentaron como “el artista español más influyente de este
siglo”, lo cual resulta al menos discutible, pues hay otros como Pablo Alborán,
C Tangana y Rosalía que perfectamente podrían entrar en la discusión. Una banda
afiatada, sobria, llena de músicos de verdad. Le debo una disculpa a Sanz. En
ediciones anteriores lo cuestioné por “desafinado”. El español no canta “mal”,
canta “diferente”. Y es que su música tiene una estructura que se sale
absolutamente de los marcos habituales del mainstream, con fuertes improntas
flamencas y jazzísticas, y por eso no resulta fácil de entender ni menos de
versionar por otros artistas. En ese sentido, merece el mayor de los respetos
artísticos, pues ha logrado con ese particular estilo transformarse en un
nombre importante dentro una industria musical de habla hispana adicta a la
repetición compulsiva de patrones musicales exitosos. Un show elegante y con
clase, muy bien acogido por el público y merecedor de la doble gaviota. Además,
en la previa, Sanz hizo una notable demostración de buen uso del poder
mediático al hacer su conferencia de prensa previa en una de las villas
afectadas por los incendios.
Alison
Mandel. Entró con todo desde el minuto cero, demostrando oficio y
personalidad. Rutina sólida, asertiva, ajustada al meme de Ñuñoa (o sea, con
temáticas de cuico progre), pero muy bien construida y adaptada. Habló de temas
cotidianos, subió al columpio sin misericordia a su esposo Pedro Ruminot, que
estaba sentado en primera fila al lado de su compadre Jorge Zabaleta. No deja
de ser curioso ver a una rubia angelical garabateando más que camionero en
paro. Generó buena onda desde el inicio, el monstruo no paró de reír y se ganó
con toda propiedad la doble gaviota. Consagratoria actuación para Alison, y
exultante debut del humor en el Festival.
Manuel
Turizo. La versión mejorada de J Balvin y Maluma. Responde a la
impronta del reggaetonero colombiano: bien vestido, fachero, con cero rastros
de culto a la cultura pandillera, y educado a más no poder. Desde el punto de
vista artístico, mil veces mejor que sus dos “panas”. Una buena puesta en
escena, con músicos de verdad, con autotune y playback inexistentes, o al menos
imperceptibles. Turizo canta bien, sus letras superan por mucho el guarrerío
habitual del género, y hasta se aventuró en otros géneros. El público se quedó
esperándolo hasta la madrugada, gozó con el orgullo de Montería, y le entregó
sin problemas la doble gaviota. La prodigiosa armada musical colombiana tiene
un nuevo acorazado.
Dia 2, lunes 26 de febrero. El mejor show y la jornada peor programada del último tiempo
Pésimamente programado. Definitivamente Andrea Bocelli, Javiera Contador y Miranda no pegaban ni juntaban de ninguna manera. La Contador no era la comediante adecuada para ir después de Bocelli. De hecho, quizás ni siquiera era buena idea programar comedia después de una demostración de altísimo nivel que dejó al público y a los televidentes sintonizando en vibraciones muy altas. Tendrían que haber pensado en un número como los argentinos Les Luthiers, aunque vienen en retirada luego de los fallecimientos de dos integrantes emblemáticos, Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, y lo que queda es más bien una “banda tributo” con los históricos sobrevivientes. Aquí cabía, o derechamente no llevar comediante, o cambiar el orden de manera de no exponer al comediante ni al otro número musical de la manera en que se hizo con Javiera. Un acierto absoluto la contratación de Bocelli, pero a la vez un error absoluto no haber contemplado una Gaviota de Platino más que merecida ni haber reordenado las piezas de otra manera. Dado esto, los que pagaron los platos rotos fueron Miranda y, más allá de su desastrosa rutina, Javiera Contador.
Conductores.
Ambos de riguroso negro. Cumplieron sobriamente con su rol de maestros de
ceremonias durante el show de Andrea Bocelli. La tuvieron difícil para calmar
al Monstruo antes del show de Javiera Contador, y no lograron entregarle un
monstruo domesticado. No los culpo. Hasta a Vodanovic se le habría ido esto en
collera.
Andrea
Bocelli. Un momentazo de aquellos. El primer recital de canto lírico
propiamente tal en la historia de este festival. Aunque ya habíamos tenido exponentes
del bel canto frente al Monstruo, siempre fueron como parte de una obertura o
con una presentación muy puntual y acotada. Esto fue como estar en los
conciertos de Año Nuevo de Viena o en los conciertos de verano que se hacían en
enero en la misma Quinta Vergara antes del Estallido Social. 140 músicos de
primer nivel sobre el escenario, uno de los mejores cantantes líricos de la
actualidad luciendo su prodigiosa voz, las notables voces de las sopranos
Larisa Martínez y Pía Toscano, más la presencia de su talentoso y pintoso hijo
Matteo Bocelli. Las dos gaviotas se daban por descontadas, y le quedaron
debiendo la de Platino, la que fue pedida por un monstruo enardecido. Este show
puede ser lo que Johnny Ventura fue a la música bailable y Jorge Alís fue a la
comedia stand up: un hito que abrirá las puertas de la Quinta Vergara a la
música docta, quizás no a la vertiente más purista, selecta y académica, cuyo
hábitat natural es el Teatro Municipal o Las Semanas Musicales de Frutillar,
sino que a aquellos exponentes que se esmeran en acercarse y hacer guiños y
concesiones a las masas populares, como por ejemplo Il Volo o André Rieu.
Javiera
Contador. Mientras veía a Bocelli, lo que se me vino a la mente es “no
quisiera estar en el pellejo de Javiera Contador”. Y es que era fácil
imaginarse que iba a estar más tiritona que Peso Pluma viendo su Instagram. Y
no es para menos. Cualquier comediante, incluso el más pintado, lo estaría. Hasta
a Coco Legrand le hubieran temblado las cañuelas. ¿Será tan buena idea hacer
comedia stand up luego de ese pedazo de show sublime? En Viña hemos tenido
comediantes que han actuado después de recitales de artistas de primer nivel.
Algunos salieron del paso de muy buena manera: Gigi Martin después de Rod
Stewart, Memo Bunke después de Elton John, Pedro Ruminot después de Lionel
Ritchie, Arturo Ruiz-Tagle después de Yusuf Cat Stevens, Ja Ja Calderón después
de Olivia Newton-John, y Fabrizio Copano después de Christina Aguilera. Otros
simplemente no se la pudieron: Ricardo Meruane después de Sting, y Ruddy Rey
después de Ana Gabriel. Javiera Contador quedó claramente en el segundo grupo. Al
poco andar se notó que la habían mandado al sacrificio, a un público que pedía
con toda justicia Gaviota de Platino para Bocelli, y que estaba lejísimos del
que generalmente la sigue. Javiera logró inicialmente calmar al monstruo, que
le dio una oportunidad. Sin embargo, su rutina fue fome y confusa, con menos
remate que La Roja, su dicción de hiphopera ansiosa le jugó una mala pasada, y
al poco andar se sintieron las pifias y se temió lo peor. Acusó el golpe, no se
hizo la Larry, asumió abiertamente la situación y logró mantener el barco a
flote a duras penas. Y en el último momento, quizás demasiado tarde, sacó el as
salvador bajo la manga: el elenco en pleno de “Casado con Hijos” con el cual
logró zafar con dignidad, aunque sin ninguna Gaviota. La simpatía, la
honestidad y sus compañeros de serie la ayudaron a salvar los muebles. La
rutina, un desastre nivel Jani Dueñas, para llorar a gritos. No era la
comediante adecuada (si es que había alguno) para actuar después de Bocelli, y
no supo leer al público frente al que iba a actuar.
Miranda!.
El dúo argentino está en la misma situación de Lucybell: una banda con años de
trayectoria, que merece actuar en Viña en un status más estelar, que cuando
viene la rompe con todo, pero que los mandan a actuar a la hora del níspero, lo
que condiciona claramente la relevancia e impacto de su espectáculo. Nada que
decir de su show: sólido, bailable, que prendió ante un monstruo que se quedó a
verlos, y que contó como invitada a la gran Francisca Valenzuela. El grupo de ”Don”
estaba en su mejor momento, y merecía llegar a Viña en otras condiciones, no
como “yapa” de Andrea Bocelli.
Dia 3, martes 27 de febrero. Don Comedia dictó cátedra en la noche de las bandas tributo
Obertura:
Un bonito tributo a Celia Cruz a 20 años de su muerte, a cargo de Francisca
Valenzuela, Flor de Rap, Sergi, María Becerra y Young Cister.
Conductores.
Tuvieron una jornada tranquila después del chaparrón de ayer. Se dieron el
esperado beso. A Pancho le gusta vestirse de negro y María Luisa con un hermoso
vestido rojo.
Maná.
Los U2 de habla hispana. Ricardo Arjona en patota. El periodista Ignacio Lira
lo describió claramente en su cuenta de X: ”Maná debe ser la banda que más
gente odia, sabiéndose al mismo tiempo 10 canciones completas”. Musicalmente
sólidos y brillantes, una de las mejores bandas de habla hispana y tal vez del
mundo. Con un vocalista al que se le notaron los años de edad y de carrete en
su voz gastada y en su falta de fuelle. Se han transformado en una excelente
banda tributo de sí mismos. Han decidido girar a cuenta de su glorioso pasado,
sin tener nada nuevo ni interesante que proponer. Faena cómoda y doble gaviota
sin sobresaltos.
Luis
Slimming. Poco antes de su show, trascendió que lo iban a hacer actuar después
de las competencias para protegerlo después de la infausta experiencia de
Javiera Contador, más aún considerando su mal paso en Chile Chico, su incidente
en redes sociales y cierta mala onda mediática en su contra. Al final no pasó,
y no fue necesario. Luis Slimming se impuso desde el minuto cero con una de las
rutinas humorísticas más redondas de la historia del evento. Tallas rápidas y
asertivas, simpatía a granel, y un notable manejo de escena. El libretista regalón
de los comediantes chilenos reservó su obra maestra definitiva, su mejor guion
cómico, para su propio espectáculo. Esta fue la consagración del “humor pebre”,
picante pero nutritivo y muy bien preparado. Don Comedia supo jugar al límite
del reglamento. Coqueteó con lo políticamente incorrecto e incluso con lo funable.
Elevó intelectual y artísticamente el tan criticado humor de doble sentido. Lo
hizo trascender del bullying tóxico y gratuito, del chiste cochino de bar, cabaret,
casa de remolienda, obra en construcción, taller mecánico o camarín de liceo, y
lo llevó al siguiente nivel. Slimming es la versión siglo XXI de Álvaro Salas. Rescató
lo mejor del líder de Pujillay, el chiste corto, el humor rápido, los ingeniosos
juegos de palabras, y le añadió actualidad y renovación. La doble gaviota y la
ovación de un público que estuvo siempre rendido a sus pies fue más que
merecida. Me alegro sinceramente por él, que la ha peleado desde abajo. Toda la
manga de buitres tóxicos y mediocres que pronosticaron las penas del infierno
para Luchito (Pancho del Sur, Claudia Schmidt, algunos bots ultrafachos) se la
tuvieron que comer calladitos. Esta es la consagración de la factoría del “El
Sentido del Humor”. Que se prepare el Coronel Valverde para el próximo año.
Men at
Work. Desde el inicio se notó que era una banda tributo. Sólida, virtuosa,
de gran nivel, pero una banda tributo. Un único integrante de la formación
original, el vocalista Colin Hay, de voz impecable; una saxofonista y flautista
cubana, y una corista peruana, la pareja de Hay. Cumplieron más que bien, se
llevaron su doble gaviota y merecieron salir en mejor horario. Sin embargo, este
debe ser el número anglo festivalero más débil del último tiempo. Una banda
tributo, por muy buena que sea (y hay excelentes como esta), siempre será un producto
musical de segunda mano. Pasar de Christina Aguilera el 2023 a este show es un
bajón importante.
Dia 4, miércoles 28 de febrero. La superioridad femenina en el género urbano
Conductores.
Hasta antes de la despistada Anitta se notaba más manejo y oficio. Pancho
(adicto a los trajes oscura) negoció el fin del show de Mora al mejor estilo de
Vodanovic. La debacle vino al cierre con la confusión de la brasileña con la
gaviota de oro. Más que de los animadores, el problema fue de los que tenían
que informarle a la artista de los detalles del evento. Llamativo que no supiera
lo del apelativo del “Monstruo” ni lo de los premios.
Mora.
Un reggaetonero genérico. Un compendio de los clichés del género. Casi sin
músicos, con muy poca en escena y autotune y playback a todo lo que da. Con eso
le bastó y sobró para hacer perrear hasta abajo al Monstruo y llevarse sus dos
gaviotas. El festival ha tenido a los “mero-meros” del género, como el recién
retirado Daddy Yankee y Don Omar, y ellos incluso en sus inicios ofrecían mucho
más espectáculo que Mora. Además, sus colegas mujeres hace rato que viene
ofreciendo músicas y puestas en escena de primer nivel. El show del boricua era
aceptable en los inicios del imperio del reggaetón, pero resulta pobre y algo
obsoleto para los tiempos actuales.
Lucho
Miranda. Me recordó un poco a Bastián Paz y al último show de Sandy,
aunque con un poco más de “malicia”. Un chico con personalidad, que construyó
inteligentemente su rutina en base a reírse de su condición y de su accidentada
dicción, y que se ganó la simpatía del apañador público del género urbano que
lo bancó hasta el final. Se ganó el aplauso y la doble gaviota. Una pregunta
que me nace ¿Le habría tenido la misma paciencia el “culto y educado” público
de Andrea Bocelli?
Anitta:
Definitivamente debió abrir la jornada. Nada que envidiarle a J Lo y Beyoncé. De
nacer en un país de habla inglesa, muy posiblemente estaría a la par de ellas.
Un show total, con orquesta en vivo, música contagiosa y variada (funk brasileño,
pop, reggaetón), mucho baile y, sobretodo, el culto al perreo “hasta abajo” sin
complejos ni contemplaciones. Mora es un pinche aficionado a su lado. Se ganó
muy bien su doble gaviota y entró a la pelea por el segundo mejor show de este
año (ya está claro que el de Bocelli fue el primero). Creo que la organización
la subestimó. Era una artista que merecía una mejor ubicación en la parrilla. Aquí
tenemos una muestra de la superioridad femenina en el género urbano. Las urbanas
mujeres suelen hacer shows espectaculares, con puestas en escena jugadas,
artistas en vivo, variedad de estilos. Muchos de los urbanos hombres, por su
parte, siguen pegados al esquema del cantante jugando al pandillero exitoso, abusando
del playback y el autotune, y con puestas en escena modestas. Mora cayó en eso,
mientras que Manuel Turizo mostró algo más sofisticado.
Dia 5, jueves 29 de febrero. Si es chileno, es muy bueno
Extraordinaria
noche chilena: Los tres artistas nacionales que actuaron tuvieron un
desempeño brillante. Los Bunkers definitivamente juegan en otra liga, Sergio
Freire lució todo su oficio y Young Cister se hizo respetar como artista. Estoy
seguro que estamos en la mejor época de la música popular chilena desde la
Nueva Ola, y me atrevería decir muy superior a ella, pues el fenómeno de los
años 60 del siglo XX fue más bien local, mientras que los artistas actuales
tienen presencia internacional importante. Hay muchos artistas chilenos (los de
la nueva cumbia, los urbanos que no han venido, Karen Paola, Princesa Alba,
Zúmbale Primo, Los Charros de Lumaco, Los Vásquez, Chico Trujillo, Ana Tijoux)
que la rompen en los demás festivales, pero no acceden aún a enfrentar al
Monstruo teniendo méritos de sobra para ello.
Conductores.
Pancho sigue con su predilección por los ternos oscuros. María Luisa con un
vestido que parece prestado de Anitta. Notable manejo en la entrega de premios
a Los Bunkers. Genial la idea de que los padres le entregaran la Gaviota de Oro
a Young Cister.
Los
Bunkers. Llegaron con la baja por problemas de salud de su baterista
Mauricio Basualto, siendo muy bien reemplazado por Cancamusa (Natalia Pérez), que
fue baterista de Mon Laferte y lució un look muy similar al de Mon. Partieron
pisando fuerte con “Miño”, “Mientéle”, “Una Nube Cuelga Sobre Mí” y la
emblemática “Ángel Para Un Final”, que sigue emocionando y erizando la piel
como en 2011. Después de esa canción ya el Monstruo pedía gaviota. La quinta
canción fue “Rey”, una de su último disco “Noviembre”. Se notan los años de
oficio. Musical y artísticamente no tienen nada que envidiarle a ninguna gran
banda anglo. Una banda sólida, muy bien complementada, con solos de guitarras
soberbios, con un repertorio lleno de clásicos indiscutibles, pero también
proponiendo música nueva e interesante. A diferencia de Maná, no son una “banda
tributo de sí mismos”. Aunque siguen facturando con sus clásicos (se pasarían
de giles si no lo hicieran), a la vez evolucionan, salen de su zona de confort,
siguen proponiendo e incluso haciendo variantes en sus canciones antiguas. La
tan inesperado como notable aparición de Illapu durante la interpretación de “Calles
de Talcahuano” fue un momento entrañable de aquellos. Además, en un inteligente
guiño a las nuevas generaciones, invitaron al artista urbano Kidd Voodoo a
cantar “Nada Nuevo Bajo el Sol”. “Bailando Solo”, con ese juego de luces digno
del medio tiempo de Super Bowl y con Álvaro López bailando a lo Tony Manero,
fue un momento brutal, de primer mundo. Se llevaron fácil las dos gaviotas, y
con méritos de sobra para la de Platino, que alcanzó a ser pedida por el
Monstruo. Los Bunkers tienen repertorio para al menos una hora más. Cuando tienes
que dejar fuera canciones potentes (“Entre Mis Brazos”, “Fantasías Animadas de
Ayer y Hoy”, “La Exiliada del Sur”, “Las Cosas que Cambié y Dejé por Ti”, “El
Detenido”, “Yo Sembré Mis Penas De Amor En Tu Jardín”), es porque ya estás a
otro nivel. Asegura ser el segundo mejor número de este año. Un show
superlativo, digno de una superbanda de nivel planetario.
Sergio
Freire. Un show sólido, entretenido, atractivo, casi sin baches, que no
dio respiro. Freire se echó al hombro los problemas familiares (enfermedad de
su madre) y cumplió con creces como todo un profesional. Notable uso de recursos
multimedia. Muy buena la aparición de Rodrigo “Guatón” Salinas y del (hasta
ahora retirado) Juan Pablo Flores haciendo el papel de dos empresarios
inmobiliarios cuicos. Doble Gaviota más que merecida y un merecido bálsamo para
Sergio en un momento difícil de su vida.
Young
Cister: Espectáculo completo, con ballet, músicos en vivo complementada
con autotune, un intérprete humilde y consciente que este era el show de su
vida y que puso toda la carne en la parrilla. Hubo un “upgrade” en cuanto a
puesta en escena. Young Cister dejó atrás el paradigma del “pandillero bacán” y
mostró un espectáculo de nivel internacional. Hay que decirlo: le pegó mil
patadas al boricua Mora. Notable aparición de Kidd Voodoo, con quien se había
insinuado una pelea mediática que resultó ser un tongo mal disimulado y que se
selló con un abrazo entre ambos y el meme de “no pelien” con los caballos reconciliados.
Luego apareció Polima Westcoast cantando “Samurai”. Merecida doble gaviota, con
doble momentazo: los padres recibiendo en el palco la de plata, y entregándole
a su hijo la de oro.
Dia 6, viernes 01 de marzo. ¿A quién le importa Peso Pluma?
No hubo
necesidad de casco ni chaleco antibalas. El día que prometía morbo a
raudales terminó siendo una taza de leche, un fin de fiesta memorable. La buena
onda fluyó por todas partes.
Jean Paul
Olhaberry. El ex Magic Twins, uno de los mejores magos del planeta, se
mandó una de sus acostumbradas performances espectaculares. El truco de las
cartas fue impresionante. Merecida Gaviota de Plata y le quedaron debiendo
insólitamente la de oro, que fue pedida por el público.
Conductores.
Aparecieron como parte del truco de magia de Olhaberry, al que se les fue
entregarle la Gaviota de Oro. Pancho Saavedra nunca abandonó los ternos
oscuros. Godoy estupenda con ese vestido verde fosforescente. La presentación
freestyle a Trueno fue notable.
María
Becerra. La “Nena” de Argentina hizo un espectáculo soberbio, nivel
Super Bowl. Es parte de este bendito Dream Team urbano pop femenino argentino
junto a Tini Stroessel, Lali Espósito, Nicki Nicole, Emilia Mernes y algunas
más que nos falta por conocer. Al igual que sus compatriotas, muestra una
puesta en escena hiper profesional, con ballet, música en vivo bien mezclada
con tecnología, donde tocó bachata, cumbia y reggaetón, un carisma a toda
prueba y una gran llegada con el público. La asertiva y conmovedora carta que
leyó en la que relató sus vivencias en torno a la tragedia de los incendios se
sintió creíble y nos tuvo a todos con el corazón en la mano. María Becerra es
la primera persona de nacionalidad argentina que logra motivar un “ce-hache-í”
en las masas chilenas. Ni Marcelo Bielsa lo pudo lograr. Además, primera vez
que se escucha la voz de Enrique Iglesias en el Festival de Viña desde el
recordado “lanzamiento de la gaviota” del 2000. Se nota una chica humilde, sensible,
educada, profesional, dedicada a su arte, respetuosa del público y con carácter
y opinión. Durante la conferencia de prensa previa al evento, en términos super
diplomáticos, le mandó a decir a Javier Milei que se comporte a la altura de su
investidura. Una merecida doble gaviota y un gran gusto de conocerla.
Alex
Ortiz. Entro pegándole a Peso Pluma, y apelando al mismo estilo de
rutina barrial-costumbrista con el que la rompió en Olmué el año pasado.
Entretenido y simpático, no tuvo problemas en echarse al bolsillo a un Monstruo
receptivo y muy buena onda. Aprobó el desafío con honores, y se llevó su doble
gaviota. Al final acertó con enterrar a su anterior personaje del “Flaite
Chileno” y optar por ir como él mismo.
Trueno.
Imposible mejor reemplazo para Peso Pluma. A pesar de que lo contrataron una
semana antes, tenía un pedazo de espectáculo preparado. El mismo chico que se
había subido a la Quinta Vergara cuando era un desconocido participante de las
batallas de freestyle y que posteriormente se robó la película cantando junto a
Gorillaz, demostró ser un capo absoluto en el rap freestyle, quizás uno de los
mejores de habla hispana. Un show completo, con baile, música en vivo mezclada
con autotune, hasta con proclamas políticas (“me cago en Videla, me cago en
Pinochet”) y donde tuvo al público enfervorizado a altas horas de la noche. Las
dos gaviotas se las ganó de sobra y fue el mejor final de fiesta imaginable
para este historiado festival.

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