Natalia Valdebenito: El amargo y cargado café de Nata.

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 A pesar de sus 46 años recién cumplidos, a Natalia Valdebenito le está costando mucho pasar agosto. Ad portas de dejar su histórico programa de Súbela, se ha visto envuelta en fuertes polémicas y ha sido víctima de un brutal bullying mediático con fuerte tufillo a persecución ideológica.

La mejor de su generación. La conocimos en “Cabra Chica Gritona”, y fue una de las fundadoras del “Club de la Comedia”, la punta de lanza del Stand Up en Chile. Aunque logró una importante repercusión con “Gritona” en Netflix, su memorable show en el Festival de Viña de 2015 la transformó en un ícono de la comedia chilena del siglo XXI, y en una de las mejores comediantes femeninas de la historia de Chile, para mi gusto solamente por detrás de Gloria Benavides y Maitén Montenegro. Además, a la fecha es conductora de “Café con Nata”, el buque insignia de Súbela; ha tenido roles destacados en programas como el recordado “Campo Minado” de Via X, “Animal Nocturno” y “A/Z TVN” en el canal público, y suma experiencia en teatro con “El Asilo contra la opresión”, de Alejandra Matus.

Un ícono feminista. Natalia tiene opiniones claras y firmes, y no tiene miedo de sostenerlas públicamente. Sus posturas claramente progresistas y de izquierda son de público conocimiento, y es uno de los rostros mediáticos más potentes del movimiento feminista en Chile. Su brutal honestidad la ha llevado a diversos entredichos, y le ha costado salir del “Club de la Comedia” y “Campo Minado”. Sus divertidas rutinas suelen estar cargadas de una agresividad muchas veces tóxica y difícil de digerir, en especial si no coincides con sus posiciones. Todo ello le ha valido un odio parido y eterno de parte de sectores conservadores y de extrema derecha.

El horrible agosto de Natalia. Todo partió con la inesperada reaparición de José Miguel Villouta, su otrora partner de comedia y mentor, que desde el ostracismo en su casa en la playa y haciendo una performance de “intelectual maldito” a lo Charles Bukowski, salió hablando pestes de ella, acusándola de haberlo arruinado al funarlo mediáticamente por una frase misógina suya en una rutina de stand up. Posteriormente, en redes sociales aparecieron ediciones mañosas de una rutina suya en la cual aparecía “alegrándose” por la reciente tragedia de la Mina “El Teniente”, lo cual causó indignación en Rancagua, y la obligó a disculparse públicamente. Posteriormente salió otro video editado mañosamente en el cual aparece diciendo “¡que muera Kast!”, lo que le granjeó una nueva ola de “hate” en redes sociales. Más encima, surgieron cuestionamientos por los contratos de sus shows en diversos municipios, llegando a un total de 347 requerimientos por parte de un grupo de diputados de la UDI. Todo esto, mientras está en pleno curso el funeral vikingo de “Café con Nata”, que por decisión de la propia Natalia se acaba el lunes 01 de septiembre.

En cierto modo, no resulta sorprendente. Si hay algo que hay que reconocerle a Natalia es su coraje y consecuencia. Ha defendido sus posturas sin complejos ni contemplaciones, parece estar consciente de los riesgos y costos de esa conducta y, al menos a la fecha, los ha asumido sin anestesia. Si en tu rutina pateas colmenas con frecuencia, tienes que asumir que en algún momento las abejas se van a apestar e irán en masa a picarte. Con sus frases provocadoras, cargadas de ironía, pero que suenan horribles si se interpretan literalmente y sin contexto suficiente, les regala material a sus enemigos, que ni siquiera necesitan armar un video fake usando IAs para el bullying mediático.

Se le vienen tiempos duros. Sin perjuicio de lo anterior, resulta evidente que hay mucha gente de derecha y extrema derecha que se la tiene jurada desde hace tiempo. Los cruentos ataques que ha sufrido, que la han obligado a suspender shows “por motivos de fuerza mayor”, tienen un fuerte aroma a ajuste de cuentas y persecución ideológica, y si en la próxima elección gana alguno de los tres alemanes de derecha (en especial alguno de los dos cuyos apellidos empiezan con "K"), eso puede verse fuertemente potenciado, al punto que cabe preguntarse seriamente si Natalia podría seguir desarrollando su carrera en Chile en esas circunstancias.

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