Plataformas de contenido para adultos: potencialmente lucrativas, altamente controversiales
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Trabajar en plataformas para adultos tiene sus bemoles. Es una potencial notable fuente de ingresos y repercusión mediática, pero está cargada de prejuicios y estigmas y te cierra otras puertas.
Fuente de ingresos para faranduleras, procesadas y aproblemadas. Arsmate, Only Fans y plataformas similares han ganado notoriedad por el ingreso a sus filas de antiguos rostros faranduleros (Adriana Barrientos, Ana Alvarado) o con serios problemas financieros (Titi Ahubert). Sin embargo, los casos más complejos son los de Camila Polizzi y Kathy Barriga, procesadas por sendos escándalos de corrupción, y que aprovecharon su prisión domiciliaria para forrarse de dinero practicando el polémico, pero siempre efectivo arte del “calentamiento de sopa”. Un caso notable es el de Daniella Chávez, una especie de “Pedro Pascal” de este rubro, cuyo éxito mediático y financiero le ha permitido incluso declarar su interés de comprar el club de fútbol profesional O’higgins de Rancagua, del cual es hincha acérrima.
Una imagen turbia. Es un hecho que una parte importante de la opinión pública, en especial la de mentalidad más conservadora, mete a las plataformas de contenido adulto cargado a lo sensual en la misma bolsa que la pornografía y la prostitución, y ese prejuicio es super difícil de desafiar. El límite entre una generadora de contenidos para adultos y una exponente de la llamada “profesión más antigua del mundo” resulta muy difuso para mucha gente.
¿Es Pornografía? La pornografía se define como “la representación explícita de actos sexuales u obscenos, en cualquier forma artística o literaria, que tiene como objetivo principal provocar excitación sexual (lo que llamamos coloquialmente “calentar la sopa”) en quien la observa o lee” El tema se presta para muchas preguntas e interpretaciones. Cualquier persona que sube fotos en bikini, vestida con minifalda o con un escote pronunciado, ¿está ejerciendo la pornografía? Aquí la clave es el objetivo de esa acción. Si no se busca explícitamente “calentar la sopa”, entonces no es pornografía, sin perjuicio de que alguien se pueda excitar con esas imágenes. Un creador de contenidos sensuales lo que está haciendo es “calentar la sopa a cambio de dinero”, por lo que caería dentro de los márgenes de la pornografía. De hecho, ni siquiera es necesario desnudarse para ello, pues existen creadores de contenido que muestran fotos de pies descalzos, lo que por alguna razón excita a ciertas personas. Esos creadores, aunque suene ridículo, si estarían ejerciendo la pornografía. Por otra parte, Marilyn Monroe, Raffaela Carrá, Madonna, Lady Gaga, Tokischa y otros rostros conocidos por explotar su belleza y sensualidad como parte de sus performances artísticas, ¿ejercen la pornografía? Ahí ya entramos a jugar en el límite, pues lo hacen intencionadamente para provocar y llamar la atención, pero ¿esa provocación incluye el “calentamiento de sopa?
¿Es prostitución? La prostitución se define como “el intercambio libre y consentido por dos individuos adultos de relaciones sexuales por dinero o cualquier otro bien”. Si nos atenemos estrictamente a esto, las plataformas de contenidos no serían prostitución, pues no hay sexo consentido de por medio. Sin perjuicio de lo anterior, se entiende que se haga esta relación, pues históricamente la pornografía ha sido la puerta de entrada a la prostitución.
Genera lucas y fama, pero también estigmas. Se han conocido casos de profesoras, profesionales universitarias y hasta miembros de instituciones armadas que tuvieron que dejar sus trabajos cuando sus jefes descubrieron que dedicaban parte de su tiempo libre a estos menesteres. Y no es solamente tema en Chile. Recientemente la actriz Jessie Cave, que encarnó al personaje de Lavender Brown en la saga de Harry Potter, fue vetada de una convención de fans debido a su presencia en Only Fans, aunque alegó que su contenido no era sexualmente explícito. En Chile está el caso de la periodista María Paz Arancibia, que tuvo que dejar el Departamento de Prensa de Chilevisión después de 10 años debido a que se supo de su incursión en Arsmate, y se ha tenido que reciclar como periodista de farándula.
Dedicarse a las plataformas tiene consecuencias. Algunas marcas tienen vetadas de sus eventos de lanzamientos nuevos productos a rostros asociados a estas plataformas, pues no quieren relacionar su imagen a esta controvertida actividad. Resulta comprensible. Me imagino que a una marca de cosméticos de alta gama con pretensiones de llegar a segmentos de élite no le hará la menor gracia la posibilidad de aparecer como “la preferida por las estrellas porno”.
Se requiere un análisis costo-beneficio. Más allá de consideraciones morales o valóricas, el que quiera dedicarse a estos menesteres tiene que asumir que está entrando a un rubro cargado de estigmas; muy mal visto en muchos círculos sociales, en especial en los más tradicionalistas y conservadores; y que entrar a ello implicará inevitablemente que se te cierren muchas puertas. ¿Vale la pena asumir el costo económico, mental, espiritual, de imagen y de prestigio, por una gran ganancia monetaria en poco tiempo? Cada cual evaluará.

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