El dilema del Desestrece: cracks en el streaming, incógnita en la TV abierta

 

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El programa de los creadores de “El Sentido del Humor” enfrenta un desafío complejo: trasladar a la televisión abierta un éxito indiscutido en el mundo del streaming. Talento y calidad les sobran, pero la verdadera prueba está en conquistar a un público que, en gran medida, no es el suyo.


Una gran apuesta. Para entrar en la batalla de la comedia, Canal 13 apostó fuerte por uno de los mayores referentes del humor digital: El Sentido Del Humor (ESDH), el colectivo encabezado por Luis Slimming, Marcelo “Coronel” Valverde y Héctor Romero. Les entregaron la noche del Domingo, el flamante “Estudio 13” y hasta les facilitaron a Martín Cárcamo como conductor. El resto del elenco lo componen la triunfadora de Viña Pamela Leiva; la doblajista Karol Blum, con pasos por “Políticamente Incorrecto” y “El Antídoto”; la resucitada Cynthia Gallardo en el React por streaming y la interesante apuesta de Francisca Medina, hija de Mauricio Medina, el “Indio” de Dinamita Show.

Buena idea incluir al “Rubio Natural”. Necesitaban un rostro familiar que los “apadrinara”, que sirviera de ancla para la audiencia televisiva, que ayudara a suavizar la transición hacia un formato más cercano al lenguaje del streaming. Martín Cárcamo era el más indicado para ello, y no solo por su experiencia como conductor. En el verano del 2002, Cárcamo participó junto con los entonces desconocidos Kurt Carrera y Pablo Zamora en “Ya Siento Que Vienen Por Mi”, un experimental e incomprendido programa de comedia de Chilevisión. Este antecedente le permite entender el tipo de propuesta que impulsa ESDH.

La apuesta estratégica. Canal 13 está usando “El Desestrece” como plataforma para posicionar el nuevo Estudio 13 como un espacio de eventos. Cada capítulo se transforma en un espectáculo en vivo con entradas pagadas. En una industria que históricamente regala entradas o incluso paga al público por asistir, este resistido cambio de lógica no solo es innovador, sino también necesario. Abre nuevas fuentes de ingreso y redefine la relación entre televisión y audiencia.

El mayor acto de audacia en la historia de la comedia televisiva chilena. Aunque esta es la versión light, baja en calorías y sin sellos del ESDH del streaming, igual disfrutamos una irreverencia pocas veces vista en la TV chilena. El capítulo debut, en el otrora canal católico y en Domingo de Resurrección, tuvo más sátira religiosa que todas las rutinas de Las Iluminadas y el Pastor Rocha juntas. Pamela Leiva, en una delirante performance, se cargó a católicos y evangélicos por igual. El sketch de “La Comida Divina”, que reimaginó la Última Cena en el formato de “La Divina Comida” es una auténtica obra maestra. Sátira religiosa de altísimo nivel, con un libreto trabajado, cargado de referencias que revelan que se leyeron la Biblia con más atención que muchos creyentes. Me imagino el escozor y la santa indignación de los sectores más conservadores al ver esta profanación. Llamativo que el cardenal Chomalí, que reclamó públicamente por unas alusiones pastorales al pasar en la rutina de Kramer en el Festival de Viña, no se pronunciara al respecto.

Una revelación. Francisca Medina es un nombre para ponerle atención. Su primer monólogo, que giró en torno a la invalidez de su padre, fue una clase magistral de humor negro. El Indio estaba saltando en una pata de lo orgulloso que se sentía al verla. Su simpática segunda rutina, basada en las tías de los jardines infantiles, demostró que tiene mucho más tema que lo de su padre. Es tierna y simpática, y su “cara de poker” viene muy bien para la comedia. Ojalá no la apuren. Que siga un camino lento pero seguro. Que pase por los festivales chicos, luego por Las Condes y Olmué, y de ahí recién piense en Viña.

Resultados dispares. La edición debut, en Domingo de Resurrección, tuvo un notable resultado de audiencia televisiva, con un triunfo arrasador. En el segundo capítulo, con una competencia más dura, cayeron al cuarto lugar, y en el siguiente lograron remontaron un lugar. En paralelo, el contenido digital asociado —especialmente el React— ha mantenido un rendimiento sólido, siempre entre los líderes en visualizaciones, confirmando que el programa conecta con su base original de seguidores.

Un horario inhóspito. No se necesita ser experto en televisión para darse cuenta que hacer un programa los domingos partiendo casi a las 23 horas resulta especialmente complejo. Tampoco les conviene ir en la tarde, en el horario histórico del Jappening con Ja y del Venga Conmigo, pues tendrían que bajarle mucho octanaje al humor sin censura y perderían su esencia. Este programa quizás calzaría mucho mejor los viernes o los sábados en la noche.

Los invitados importan. En el debut tuvimos a dos íconos entrañables como Iván Arenas y Claudio Moreno; en el segundo estuvo una Javiera Contador de capa caída desde su fracaso en el Festival de Viña; y en el tercero tuvimos a un Edo Caroe que incendió la pradera recordando su época “on fire” de los Viernes Sin Censura y Alfombra Roja Prime.

El verdadero dilema es estructural. Aquí estamos ante el mismo problema que “El Antídoto” no pudo resolver. Llevar un show de streaming a la TV abierta es como llevar un artista urbano a un festival de La Nueva Ola. Lo de ESDH es un contenido "de nicho", de gran nivel, pero que no calza para un público de la TV abierta que está sobre los 40 años, nostálgico del humor televisivo clásico que encarna mejor "Detrás del Muro". Sus seguidores más fieles son más proclives a seguirlo por el streaming. Creo que los encargados del programa lo tienen claro, y por eso hacen tantos guiños al pasado, como en la intro del primer capítulo; en el set del “Desinforme” que evoca al del Teletarde de los años 80, y que incluye el retorno de Carlos Nuñez Nuñez (CNN), el recordado personaje de Claudio Moreno de la época del Venga Conmigo, etc.

Hay que evaluarlo más allá del rating televisivo. Creo que en Canal 13 ya se dieron cuenta que con los puros nostálgicos de "Sábados Gigantes" ya no alcanza para sostener a la industria, y por ello están tratando de captar nuevo público. Evaluar “El Desestrece” únicamente por su rating televisivo sería un error. Su verdadero impacto debe medirse también en el ecosistema digital en donde ESDH es amo y señor: visualizaciones, interacción en redes y capacidad de instalar conversación. En un escenario donde la televisión abierta ya no tiene el monopolio de la audiencia, el éxito no puede definirse con una sola métrica.

Una ventana al futuro de la TV abierta. En el fondo, más que el destino de un programa, lo que está en juego es algo mayor: la capacidad de la televisión para adaptarse a un mundo donde el streaming ya no es complemento, sino competencia. Y en esa transición, “El Desestrece” no solo es una apuesta arriesgada, sino también un experimento clave.

 

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