El potente retorno de Vértigo: bautizo de fuego para Tita Ureta y Kramer exorcizó al fantasma de Yerko

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Después de ocho años fuera de pantalla, «Vértigo» regresó a Canal 13 con una primera edición que cumplió con las expectativas y consiguió un importante triunfo de sintonía. Con un elenco de invitados variado, una puesta en escena reconocible y un Stefan Kramer en plena forma, el estelar volvió a instalarse en la conversación televisiva. Pero también dejó dos grandes interrogantes: ¿está Tita Ureta preparada para asumir el desafío de la conducción? ¿Y puede Kramer llenar el espacio que dejó Yerko Puchento?

Éxito total de sintonía. Un regreso con sabor a los viejos tiempos

El jueves 15 de octubre, Vértigo promedió 500.924 espectadores por minuto entre las 22:40 y las 01:44 horas, superando a Mega, que alcanzó 395.510; TVN, con 353.597; y Chilevisión, que registró 341.315 espectadores en el mismo horario.

No fue un detalle menor: mientras Canal 13 apostaba por el regreso de uno de sus estelares históricos, Chilevisión tenía en pantalla a Yerko Puchento en El Club de la Comedia. El resultado le dio a Vértigo un primer triunfo en una competencia que, por su historia, tenía un ingrediente adicional.

La propuesta también consiguió repercusión en el mundo digital. La reacción de Las Amikas —Lady Ganga y Valeria Luna— llegó a reunir 12 mil usuarios conectados simultáneamente y superó las 90 mil visualizaciones en YouTube. Una señal de que el programa no solo convocó a la audiencia televisiva tradicional, sino que también logró movilizar a quienes comentan y consumen televisión desde otras plataformas.

Una puesta en escena como en sus mejores tiempos

La presentación tuvo ese despliegue propio de los grandes estelares del 13. Los invitados estuvieron bien escogidos y mezclaron figuras de larga trayectoria con nombres que siguen generando conversación: Cecilia Bolocco, Douglas, Jean-Philippe Cretton, Ignacia Michelson y Leo Rey, quien terminó llevándose el triunfo.

Este último llegó en un momento particularmente favorable. Su frase viral sobre Alexítico y el farmeo de aura durante las Fiestas Patrias lo habían convertido en uno de los personajes más comentados del espectáculo nacional. Vértigo supo aprovechar esa contingencia y darle un espacio para contar su historia.

También hubo confesiones, momentos emotivos, polémicas y el tradicional juego de eliminación que mantiene a los invitados pendientes del veredicto del público.

El programa recuperó buena parte de la fórmula que lo hizo exitoso: reunir personajes capaces de generar conversación y darles un escenario donde las cosas pueden salirse del libreto.

Cómo pasa el tiempo

Todavía recuerdo cuando Martín Cárcamo era una de las promesas de la televisión chilena. Pasó por el canal Rock & Pop y fue conductor de Extra Jóvenes, cuando todavía estaba construyendo su carrera en la pantalla chica.

Hoy, más de dos décadas después, tiene una trayectoria consolidada y comparte la conducción de Vértigo con Tita Ureta, quien incluso se permite bromear con él por la diferencia de edad.

Es una de esas ironías de la televisión: los rostros que alguna vez fueron las nuevas promesas terminan convertidos en los veteranos que deben acompañar a la siguiente generación.

Y, precisamente, esa renovación generacional fue uno de los grandes desafíos del programa.

Bautizo de fuego para Tita Ureta

A la hija de Emeterio Ureta le tocó enfrentarse rápidamente al rigor de la alta competencia televisiva. No era una noche cualquiera: estaba debutando en uno de los estelares más emblemáticos del canal y tenía que compartir escenario con personalidades de enorme experiencia.

Cecilia Bolocco, por momentos, pareció olvidar que estaba en calidad de invitada y tomó la iniciativa en situaciones donde la conducción correspondía a Tita. A eso se sumó la rutina de Stefan Kramer, que aprovechó las inseguridades y los prejuicios que podían existir en torno a la nueva animadora para convertirlos en material humorístico.

Pese a todo, creo que Tita tuvo un desempeño razonablemente bueno para su debut. En las preguntas directas a los invitados mostró condiciones y logró desenvolverse en una situación exigente.

Es evidente que una figura con décadas de experiencia, como Cecilia, o una conductora consolidada, como Diana Bolocco, tiene herramientas que Tita todavía está desarrollando. Compararlas como si estuvieran en igualdad de condiciones sería injusto.

Si vamos a hacer comparaciones, sería más adecuado recordar a la Cecilia que comenzaba como coanimadora de Porque hoy es sábado, junto a César Antonio Santis en 1988, o las primeras incursiones televisivas de Diana, cuando también recibía críticas.

La experiencia se gana con la práctica. Tita es atractiva, simpática, agradable y tiene sentido del humor. Ahora le corresponde convertir esas condiciones en oficio televisivo.

Kramer era el indicado

En una columna anterior señalé que Stefan Kramer era el comediante chileno con el peso suficiente para asumir el espacio humorístico que dejó Yerko Puchento en Vértigo.

No bastaba con contratar a alguien que contara chistes. Había que encontrar a una figura con trayectoria, capacidad de improvisación y suficiente personalidad para entrar a un programa que durante años tuvo en Yerko a uno de sus grandes emblemas.

Kramer cumplió con la tarea.

Su imitación de Diana Bolocco, desatada y sin pelos en la lengua, no dejó títere con cabeza. Martín y Tita se prestaron para el juego y el comediante aprovechó la situación para llevar al extremo los prejuicios sobre la diferencia de edad entre los conductores y la inexperiencia de la nueva animadora.

La rutina tuvo esa combinación de imitación, observación y humor incómodo que mejor le funciona. Kramer no llegó a ocupar un espacio discretamente: entró golpeando la mesa y dejando claro que podía convertirse en uno de los principales atractivos de esta nueva etapa.

Además, el cambio de gobierno podría abrirle nuevas posibilidades creativas. La contingencia política siempre ha sido terreno fértil para la sátira y Kramer tiene la capacidad de transformar personajes y situaciones en material humorístico. Si aprovecha ese escenario, todavía puede sorprender.

Kramer exorcizó al fantasma de Yerko

El desafío era importante. Yerko Puchento formó parte de la identidad de Vértigo durante años y dejó una huella difícil de ignorar. Reemplazarlo implicaba enfrentarse inevitablemente a las comparaciones.

Pero el primer capítulo entregó una señal favorable para Kramer. Su rutina funcionó, generó conversación y coincidió con una noche en que Canal 13 superó a Chilevisión, donde Yerko participaba en El Club de la Comedia.

Por supuesto, una sola emisión no basta para declarar un ganador definitivo en esta disputa. Los programas tienen públicos, formatos y ritmos distintos, y la competencia se debe evaluar a lo largo del tiempo.

Pero Kramer hizo lo que necesitaba hacer: demostrar que Vértigo podía tener una identidad humorística propia sin depender necesariamente del recuerdo de Yerko.

El fantasma sigue formando parte de la historia del programa, pero al menos en el debut dejó de ser una sombra que amenazaba con opacar al nuevo comediante.

Un inicio prometedor

Si Canal 13 consigue mantener este impulso, Vértigo podría reverdecer laureles. El debut combinó buenos resultados de audiencia, invitados capaces de generar titulares y una rutina humorística que cumplió con las expectativas.

Además, la señal sumó Vértigo Extremo, un espacio complementario conducido por Pamela Díaz y Sergio Lagos, que lleva a los invitados a enfrentar desafíos propios de un reality. La apuesta es extender la experiencia más allá del estelar principal y mantener viva la conversación durante la semana.

La tarea ahora es sostener el interés. La nostalgia ayuda a convocar en el estreno, pero no alcanza por sí sola para mantener una temporada.

Tita necesita consolidar su estilo, Kramer deberá demostrar que puede sorprender semana tras semana y el programa tendrá que seguir encontrando invitados que aporten historias y momentos memorables.

Por ahora, el balance es positivo. Vértigo volvió con fuerza, Tita superó un bautizo de fuego exigente y Kramer demostró que podía asumir el desafío humorístico.

El primer capítulo no garantiza una nueva época dorada, pero sí deja una señal clara: Vértigo todavía tiene vértigo.

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