Los “Reacts”: el condominio perfecto entre la TV abierta y el streaming
Los canales tradicionales encontraron la manera de
acercarse a las nuevas generaciones sin arriesgar la estabilidad de sus
programas principales. El streaming, por su parte, consiguió una vitrina para
llegar a públicos que hasta ahora le resultaban más esquivos.
Los reacts la
llevan
Ya se ha hecho costumbre que cada gran apuesta
estelar de la televisión abierta tenga asociado un react: una emisión en
vivo por streaming en la que uno o más conductores comentan el programa como si
estuvieran en el living de su casa, mientras comen algo, bromean y conversan
con quienes participan a través de las redes sociales.
La idea no es nueva. Programas de culto de la TV abierta como "Maldita Sea", "TV Condoro" y "REC" seguían esta lógica. En YouTube abundan desde hace
años los videos de reacción a videoclips, espectáculos musicales, rutinas de
comedia y toda clase de acontecimientos que generan conversación. Lo novedoso
es que la televisión tradicional comenzó a incorporar esta fórmula como un
complemento habitual de su programación.
Programas como Vecinos al Límite, Volverías
con tu Ex, Fiebre de Canto, MasterChef, El Club de la
Comedia, Primer Plano y Vértigo han tenido o tienen asociados
espacios de este tipo. Y lo que en un principio podía parecer una simple
extensión promocional está empezando a convertirse en una competencia paralela
por la atención del público.
Porque hoy ya no basta con preguntarse cuántas
personas están viendo un programa en televisión. También importa quiénes lo
comentan en internet, cuántas personas se conectan a esas transmisiones y qué
conversación se genera alrededor de ellas.
La televisión ya no termina cuando aparecen los
créditos. A veces, la segunda función recién comienza.
Streaming y
televisión abierta: dos mundos diferentes
Aunque ambos compiten por el tiempo y la atención
de las personas, la televisión abierta y el streaming funcionan con lógicas
distintas.
El streaming está condicionado por la dictadura del
algoritmo: la viralidad, las métricas de interacción, la retención de audiencia
y la capacidad de acumular seguidores pueden determinar la visibilidad de un
creador. En ese entorno, una personalidad magnética, una comunidad fiel o un
momento que se vuelve viral pueden ser tan importantes como la calidad del
contenido.
La televisión abierta, en cambio, sigue dependiendo
en buena medida de la habitualidad, la programación, la confianza de su
audiencia y la capacidad de convocar a públicos amplios en un horario
determinado. También está sujeta a estructuras de producción, criterios
editoriales y exigencias comerciales que no operan de la misma manera en el
streaming.
Son lenguajes diferentes, con ventajas y
limitaciones propias. El streaming permite una relación más directa e inmediata
con la audiencia, mientras que la televisión abierta conserva una capacidad de
convocatoria masiva que todavía resulta difícil de replicar para muchos
creadores digitales.
Por eso, el problema no consiste en determinar cuál
de los dos mundos es superior. La pregunta interesante es cómo pueden
encontrarse sin que uno tenga que convertirse en una copia del otro.
Un camino más fácil
en una dirección que en la otra
Hay una analogía que ayuda a entender esta
diferencia: quien aprendió a escribir a máquina puede aprender sin demasiados
problemas a hacerlo en un notebook. Pero quien se acostumbró a escribir en un
notebook probablemente tendrá dificultades si de pronto lo obligan a utilizar
una máquina de escribir.
Algo parecido ocurre con el tránsito entre la
televisión abierta y el streaming. Un rostro acostumbrado a trabajar frente a
cámaras, respetar tiempos de pauta, conducir entrevistas y desenvolverse en una
producción televisiva puede adaptar parte de esas habilidades a una transmisión
digital. El camino inverso, en cambio, exige aprender un oficio distinto:
controlar los tiempos, conducir un programa estructurado, administrar un equipo
y conectar con una audiencia que no necesariamente comparte los códigos de
internet.
Por supuesto, no es una regla universal. Hay
talentos digitales que pueden triunfar en televisión y figuras tradicionales
que no consiguen conectar con las comunidades del streaming. Pero la transición
entre ambos formatos no es automática, y la popularidad en una plataforma no
garantiza el éxito en la otra.
Rostros como Julio César Rodríguez, José Antonio
Neme, Eduardo Fuentes, María Luisa Godoy, Pamela Díaz, Diana Bolocco, Cristián
Sánchez y Juan Cristóbal Guarello han encontrado espacios en el mundo digital
aprovechando su experiencia, su personalidad y el reconocimiento que ya tenían
entre el público.
En sentido contrario, algunas figuras y proyectos
nacidos o potenciados en el ecosistema digital han enfrentado dificultades al
pasar a la televisión abierta. Los casos de El Antídoto y El
Desestrece muestran que convocar una audiencia en internet no garantiza
reproducir ese éxito en la pantalla tradicional. Y experiencias como las de
Danilo 21 e Isidora Gaete también han puesto sobre la mesa las dificultades de
adaptarse a las exigencias y expectativas de los medios convencionales.
No se trata de que los rostros del streaming
carezcan de talento. El problema es asumir que dominar un lenguaje equivale a
dominar todos los demás. Son oficios emparentados, pero no idénticos.
La curiosa paradoja
de El Desestrece
Uno de los ejemplos más interesantes de esta
convivencia es precisamente El Desestrece, el programa de los
integrantes de El Sentido del Humor que tuvo dificultades para
consolidarse en el rating de la televisión abierta.
Mientras el espacio principal enfrentaba problemas
de audiencia, su react, conducido por Cynthia Gallardo, conseguía
resultados notables en streaming. La paradoja es evidente: un programa podía
tener dificultades para convocar público en su emisión televisiva y, al mismo
tiempo, generar interés cuando era comentado desde otro formato.
La explicación no necesariamente está en que una
propuesta fuera buena y la otra mala. Puede estar en el tipo de experiencia que
ofrece cada una. El público del streaming busca cercanía, espontaneidad,
conversación y la sensación de participar de un encuentro más informal. Un react
permite comentar lo que ocurre en pantalla, reírse de sus momentos más
insólitos y compartir impresiones en tiempo real.
Cynthia Gallardo, además, consiguió sacar provecho
de esa experiencia. Su participación la llevó a convertirse en un rostro
habitual de los reacts de Canal 13, incluyendo los asociados a La
Gran Fonda de Chile y Vértigo Extremo. Su recorrido ilustra una de
las posibilidades más atractivas de este modelo: un espacio complementario
puede funcionar como vitrina para talentos que todavía están construyendo su
lugar en la industria.
El react no necesita reemplazar al programa
principal para tener valor. Puede encontrar su propia audiencia y, al mismo
tiempo, abrir oportunidades para quienes participan en él.
En el caso de Vértigo, Canal 13 también
apostó por Las Amikas, una de las duplas más reconocibles del streaming
nacional, integrada por Valeria Luna Cárcamo y María José Castro, conocida como
Lady Ganga. Esta última ya había tenido una experiencia televisiva en TVN, en
el programa Hoy Se Habla.
La fórmula permite que creadores con códigos
propios se acerquen a un evento televisivo sin tener que transformarse de
inmediato en sus conductores principales. Y esa diferencia es fundamental.
Un conveniente
condominio
En geopolítica, el término «condominio» puede
describir un régimen en el que dos o más Estados comparten formalmente el
ejercicio de la soberanía sobre un mismo territorio. Un ejemplo histórico
conocido es la Isla de los Faisanes, cuya administración se alterna entre
España y Francia.
La comparación con los reacts no es literal,
por supuesto, pero funciona como metáfora: dos mundos con reglas diferentes
encuentran un espacio de convivencia, cada uno conservando su identidad y
obteniendo algo a cambio.
La televisión abierta aporta el programa, sus
figuras, sus historias y su capacidad de convocar a una audiencia amplia. El
streaming agrega conversación, espontaneidad, interacción y una comunidad que
puede continuar conectada incluso cuando termina la emisión televisiva.
Ninguna de las dos partes necesita renunciar por
completo a sus códigos. La televisión no tiene que convertir su estelar en una
transmisión improvisada de internet, y los creadores digitales no necesitan
abandonar su estilo para formar parte de la conversación televisiva.
Ese es el atractivo del condominio: no obliga a una
fusión total, sino que permite una convivencia estratégica.
Las ventajas para
el streaming
Para los creadores digitales, los reacts
pueden ser una puerta de entrada a públicos que no necesariamente conocen sus
canales, podcasts o transmisiones habituales.
Aparecer vinculados a un programa conocido les
entrega visibilidad y una oportunidad para mostrar su personalidad en un
contexto distinto. Si logran conectar con esa audiencia, pueden transformarla
en nuevos seguidores y fortalecer sus propias comunidades.
Además, el formato permite que los talentos
emergentes se den a conocer sin asumir inmediatamente las exigencias de
conducir un programa de televisión abierta. Pueden probar sus capacidades,
desarrollar una relación con el público y adquirir experiencia en un entorno
que conserva buena parte de la espontaneidad del streaming.
En otras palabras, los reacts funcionan como
una vitrina y también como un laboratorio. No garantizan una carrera
televisiva, pero pueden facilitar el camino para quienes tengan la capacidad de
aprovechar la oportunidad.
Las ventajas para
la televisión abierta
Los canales tradicionales también tienen bastante
que ganar.
La televisión abierta enfrenta el desafío de
renovar sus rostros, atraer a espectadores más jóvenes y conservar al mismo
tiempo a una audiencia que ha construido sus hábitos durante décadas. La
nostalgia por programas como Sábados Gigantes o Jappening con Ja,
así como la persistencia de contenidos repetidos que siguen encontrando
público, como los programas de Chespirito o las teleseries bíblicas brasileñas, demuestra que los hábitos televisivos no cambian de un día para otro.
Pero la renovación es necesaria. Ninguna industria
puede vivir eternamente de sus figuras históricas ni confiar en que las nuevas
generaciones desarrollarán por sí solas el hábito de ver televisión abierta.
El problema es que apostar directamente por rostros
populares en internet no siempre funciona. Un creador puede ser una estrella en
su comunidad y, aun así, no conseguir convocar al público masivo que un canal
necesita para sostener un programa.
Los reacts ofrecen una alternativa más
gradual. Permiten incorporar nuevas voces, experimentar con otros lenguajes y
acercarse a comunidades digitales sin entregarles de inmediato la conducción de
un estelar o poner en juego el formato principal.
La televisión puede probar, aprender y observar
cómo responde el público. Y si la experiencia funciona, puede abrir nuevas
oportunidades. Si no funciona, el riesgo queda acotado a un espacio
complementario.
Es una manera más inteligente de renovar la
industria: en lugar de exigir que los nuevos talentos demuestren todo su
potencial desde el primer día, les permite comenzar en un terreno intermedio.
Lo que se viene
Los reacts parecen haber encontrado un lugar
que beneficia a ambas industrias. Para la televisión abierta, representan una
oportunidad de acercarse a las nuevas generaciones y explorar nuevos rostros
sin alterar radicalmente su programación. Para el streaming, son una vía para
acceder a nuevas audiencias, ampliar comunidades y demostrar que sus talentos
pueden trascender sus plataformas de origen.
El desafío será evitar que estos espacios se
conviertan en simples acompañamientos promocionales, sin personalidad propia.
Para sostener el interés, necesitan conductores que aporten algo más que
repetir lo que ocurre en pantalla, una conversación genuina con el público y
una identidad reconocible.
Si consiguen desarrollar esas características,
podrían convertirse en una de las vías más interesantes para la renovación de
la televisión chilena. No porque el streaming vaya a salvar a la televisión
abierta, ni porque los canales tradicionales tengan que copiar todo lo que
ocurre en internet, sino porque ambos pueden aprender a colaborar sin dejar de
ser lo que son.
Quizás ese sea el verdadero potencial de este
condominio audiovisual: que la televisión tradicional abra sus puertas a nuevas
voces y que el streaming encuentre una ventana hacia públicos diferentes.
Porque, a estas alturas, la pantalla ya no es una
sola. Y el próximo rostro importante de la televisión chilena podría no
aparecer primero en un estelar, sino comentándolo desde el living de su casa.

Comentarios
Publicar un comentario